Vamos a ver… los terraplanistas se empeñan en decir que la Tierra es plana, que Australia no existe, que todo es una conspiración orquestada por gobiernos y la NASA, ¿no se les puede llamar tontos e ignorantes por si se ofenden, cuando ellos mismos pueden comprobar la falsedad de su credo?
Los antivacunas creen que las vacunas causan autismo, cuando se ha demostrado que el primero que hizo esa relación lo hizo trucando datos para obtener notoriedad y dinero, cuando tienen miles de estudios que respaldan la eficacia de las vacunas y que no causan autismo, ¿no se les puede llamar tontos e ignorantes pese a que lo son y se obstinan en serlo?
Los negacionistas de la nieve, de los pájaros, ¡de la menstruación!, que tienen miles de pruebas que tumban su creencia y pueden consultar en la intimidad de su hogar, ¿no pueden ser llamados tontos para no herir sus sentimientos cuando ellos mismos se revuelcan en su propia estupidez?
Los creyentes en la homeopatía saben -o deberían saber- que están tomando un placebo caro. Un producto compuesto a base de un azúcar como la lactosa y una cantidad ridícula, despreciable, inexistente de un supuesto principio activo, confiando que -por ejemplo- una gotita de cafeína disuelta en una piscina olímpica y luego agitada (perdón, «sucusionada») diez veces así, diez asá, y otras diez asao, les cure el insomnio por el principio de «lo semejante se cura con lo semejante». Teniendo en cuenta las dimensiones de semejante patraña que justifican con «pues a mí me funcionaaaaaaaaa», ¿no se les puede llamar tontos?
Si uno no quiere que le llamen tonto, no debe merecer el término. Pagar una cantidad obscena por pastillitas de lactosa y tener fe en que eso te cure, no es una actitud sensata, como no lo es la sangría para equilibrar los humores, por ejemplo.