Pues doscientos a mí ya me parece hasta mucho. Será la costumbre pero costumbres ridículas hay muchas y no es necesario seguirlas.
Tú me invitas a tu boda y yo te doy un pastón para que te la pagues, pues no hombre, no, es el colmo del absurdo en lo eur se han convertido las bodas.
Da lo eur puedas ya tú amigo ni caso, si el quiere dar más adelante, como si quiere pedirse un préstamo para regalarle un coche.
Y a la que dice que te tires un tiempo sin salir para ahorrar dinero y dárselo a tu amigo porque si, porque le apeteció hacer una fiesta, dos mío, dónde vamos a llegar