Pues yo que tú, me plantaba delante de él con todos tus supuestos kilos de más y le soltaba: mira cariño, lo he estado pensando y, o te crece el cerebro, o te dejo. Y si lo consigues, te doy una galletita.
Vamos, tratarlo como un perro, que es lo que se merece. Si no te acepta tal y como estés, ¿qué tipo de amor basura es ese?