Un amigo de mi familia parental tenía esa misma maldita costumbre. Un día cuando salió con la cantinela, delante de mi padre le dije «¿Se le achicó tanto la vida que tiene que preocuparse de la mía sin que le pida yo su opinión?» Dijo un par de burradas para tratar de hacerme gracia pero no le di atención, mi padre después, cuando quedamos solos me felicitó (y eso que eran compadres) y me dijo que a él también lo tenía aburrido con opiniones de su apariencia que nunca pidió, así que estaba feliz de mi actitud contestataria.