Reconocerlo es el primer paso hacia el cambio. Normalmente la envidia es resultado de dos cosas: la insatisfacción con uno mismo y la necesidad constante de comparación con los demás. Es importante trabajar en las dos, porque son consecuencia de una gran inseguridad y es casi imposible mejorar en una sin hacer progresos en la otra. Ser inseguros nos hace no querernos y a la vez buscar fuera de nosotros mismos, siempre, el criterio para «evaluarnos», para decidir de alguna manera cómo sentirnos en relación a cómo somos y qué hacemos. Probablemente hablar con un psicólogo te permita encontrar formas de reforzar tu autoestima y tu seguridad en ti misma. ¡Ánimo!