A buen entendedor pocas palabras bastan.
Mi padre hace muchos años tuvo un amago de pasarse un poco de la raya.
Lo cogimos mis hermanas y yo y le explicamos que el día en el que le tocara un pelo a mi madre iba a ser lo último que hiciera. Aprendió bien la lección y nunca se le volvió a pasar por la cabeza.
También tengo una amiga que se encargó de que a su padre le explicaran en la calle que ella no estaba dispuesta a llorar por su madre, que lloraría primero por él. Y le dieron un aviso en forma de paliza. Luego se mudó de pueblo y no han sabido más de él.
Lo siento si sueno dura o criminal, pero la verdad es que me da igual, por mi madre yo haría lo que fuera.