Me encanta tu reflexión de que pensamos que tenemos la autoestima baja por nuestra propia culpa cuando en realidad hay elementos tóxicos a nuestro alrededor que nos la roban, y que al final hay que hacer caso a esa vicecita suave que es nuestro yo real que es nuestra fuerza y nuestra autoestima auténtica que no depende de nadie y que prevalece (a no ser que alguien la pisotee y la aterrorice), a esa voz suave hay que darle volumen hasta que sea atronadora y valiente, que proteja nuestra felicidad sin destruir la ajena