Estuve dos meses viviendo en Fuerteventura este verano porque conseguí un currillo allí. Yo, madrileña de toda la vida, te aseguro que el médico allí (qie tuve que ir para que me diera una baja) es, cuanto menos, deplorable. Te juro que siento esa isla como mía, y esto me ha hecho llorar. Llorar de rabia, de dolor por tanta injusticia, por la mierda de mundo en el que vivimos, por tu amiga y por sus hijos. Me duele que esto pase y me duele más que pase en un sitio que considero casi como mi hogar. Mucha fuerza tía, lo siento.