Justamente me pasó esto este verano, cuando volvía de mis vacaciones. Me senté en mi sitio y ¡sorpresa! No me llegaba a atar el cinturón del avión. Pero lo más curioso no es eso, si no que a la ida subí en un avión de la misma compañía y no tuve ningún problema.
La verdad es que a mí también me dio un poco de vergüenza pedir un alargador de cinturón. Pero en mi caso, lo que más me afectó fue el agobio de pensar: “¿por qué no llega si antes si llegaba? ¡no puedo viajar sin el cinturón!” Jajajaja Yo muy dramática en mi cabeza, obvio. Pero agradezco que la azafata fuera agradable y no me hiciera sentirme mal por “no entrar”.