Creo que aquí se defiende la autoaceptación, independientemente de cómo sea tu cuerpo.
Tan imbécil es el que te manda a ti comerte un cocido, como el que me grita a mi gorda por la calle sin que nadie se lo haya preguntado.
Ser delgada no da la felicidad, al igual que ser gorda no te la tiene que quitar.
Dicho esto, ponte lo que te salga del toro, que quién critique siempre habrá.