Mira, la familia no la escogemos, nos toca la que nos toca. Nos venden que todas las familias han de ser felices y permanecer unidas, pero es un cuento. En algunos casos es así y en muchos otros, no. Hay veces que no soportas a tu familia ni ellos te soportan a ti. Que si fueran desconocidos y tuvieras que decidir si intimas con ellos, no les darías ni los buenos días. Pero parece que, por ser tus padres o tus hermanos o tus primos o tus abuelos tengas que soportarlo y justificarlo todo.
Bien, pues no es así. Como se suele decir, la sangre no crea familia; los lazos afectivos, sí.
Eso quiere decir que sueltes amarras. Que si tu familia es tóxica para ti y solo te aporta disgustos, cortes con ella. Para siempre o temporalmente, eso ya se verá. Igual pasas años sin verlos, se dan cuenta de que te quieren y de que te han hecho la vida imposible y su actitud cambia. Es posible, pero no cuentes con ello. Lo importante es que cada cual alcance la paz mental.
Tú estás bien con tu conciencia: siempre has intentado ayudar, no has reclamado ni las cosas a las que tenías derecho. Pues ya está, ya has hecho suficiente. Siéntalos, diles cómo te han hecho sentir y los motivos y comunícales que has decidido cortar la relación con ellos. Que no les vas a llamar, no les vas a visitar y que, por tanto, tampoco te llamen ni te visiten. Prepárate para la tormenta de reproches y de chantaje que vendrá («nos abandonas y no nos ayudarás ni con el papeleo, mala hija…»). Mantente firme en tu decisión y vive la vida más tranquila.