Nosotros llamamos al juzgado a pedir hora y luego al restaurante de un conocido para reservar sitio para 7: mis padre, su madre, su hermano con su mujer y nuestra niña en el cochecito. Cero discusiones.
No sé por qué la gente se empeña en organizar bodorrios descomunales donde se deja todo el dinero y todos los nervios con que si las tarjetas de invitación, las flores, los puros, los calzoncillos y los ligueros. Qué ganas de destrozarse la cordura.