Tema peliagudo. Mi marido siempre ha fumado, y fuma, como un carretero: paquete diario. Apaga un cigarro y enciende otro. Durante los 10 primeros años fumaba dentro de casa. Primero en cualquier sitio y cuando me quedé embarazada, solo en una habitación, como si eso evitara que la mierda no saliera por toda la casa. Cuando nació nuestra hija se negó a dejar de fumar dentro de casa hasta que la niña, que nació asmática, tuvo su primera bronquitis con 3 meses. Las enfermeras del CAP tuvieron que decirle que si necesitaba una charla con el médico para aclararle lo que le estaba haciendo a su propia hija (y a mí, pero de eso pasaba). Que fumara en el balcón y con las puertas de casa cerradas. Montó un drama de la hostia, que si ésta también es mi casa, que si tengo derecho… Hace 10 años que fuma en el balcón, pero cuando están las ventanas abiertas, en verano, entra el humo incluso en la habitación de la niña. Le da igual.
Desde hace años regurgita mocos todo el día. Ese sonido asqueroso de los yayos cuando escupían mucosidad. Tanto la niña como yo le decimos que da asco, a veces nos dan ganas de vomitar cuando lo hace en la mesa. Es repulsivo. Le decimos que vaya al neumólogo y él se irrita y contesta mal. Porque ya sabe que le va a decir que tiene que dejar de fumar (como si no lo supiera ya) y es incapaz. Prefiere joderse la salud y jodernos la vida a los demás, junto con su ecoomía.
Lo que te quiero decir es que los fumadores son adictos, yonkis, y, como tal, manda su adicción. A los demás que les den. Yo si ahora tuviera que empezar con una pareja nueva, si es fumador no se me acercaba ni con un palo, lo siento mucho. Apesta, da asco, jode la salud de todo el mundo y también la economía. Fumadores, bien lejos.