Me casé hace unos meses. Hice una comida con mis padres y mis hermanos, y por la noche una fiesta con amigos en un restaurante normal. Les dí el precio del menú (40 euros) y les dije que no aceptaría más dinero por persona porque no quería hacer de mi boda un negocio. Ojalá hubiera podido invitarles sin más, pero no podía. Lo de las bodas en este país me parece una vergüenza y últimamente es demencial. Mucha gente me dijo que era una exagerada y que «todo el mundo lo hacía»; pero yo paso de ser una borrega y hacer algo que no me gusta porque las convenciones lo mandan. Tu amiga, una impresentable.