Vivimos en una sociedad ‘de escaparate’, de apariencias y postureo en la que parece que lo único importante es la fachada externa-que además tiene fecha de caducidad. Gilipollas los ha habido y los habrá siempre y ciertamente toca la moral y hasta indigna coincidir con alguno, al menos con tanta gilipollez notoria. Lo único que te queda es ser tú mism@, con tus propias convicciones y sentir lastimica por estos mandriles.