Lo bueno de los viejos es que se mueren pronto. Te queda poco para aguantarla. Digo esto y, sé que suena fatal, pero mi abuela es así y es una pesadez de persona.
El otro día, en una comida familiar, se puso a decirle a mi padre en voz alta (tooooodo el mundo allí presente lo escuchó), «Pues no está tan gorda». Y la verdad es que me sentó mal porque nadie debe avergonzarnos frente a los demás por cómo somos. Y llevo una talla 38 y mido 1’75. En el momento, respondí diciendo que tan gorda cómo qué. Lo más gracioso es que está generación de abuelas han sido todas, o casi todas, gordas. Mi abuela era gorda, pero al ser bajita e ir refajada y con faldones, no se la veía «tan gorda».