Yo creo que es una forma «graciosa» de que los padres estén atentos a sus hijos y que no molesten a nadie.
A mí me gustan los niños, pero me da mucha rabia cuando van haciendo el cafre por los bares y terrazas, corriendo, chillando, empujando (más de una vez me han tirado medio café) y los padres no les dicen nada.