Opción 1: Cambiar de restaurante con cualquier excusa.
Opción 2: Reservar mesa dándoles indicaciones. Llama o pasa antes por el restaurante y diles «mirad majos, tengo una cita aquí y no quiero que vuestras sillas me la fastidien. ¿Qué tal si, entre vosotros y yo, nos buscáis un rinconcito romántico y nos ponéis unos silloncitos geniales que me recojan el culo como debe ser?