Ya no le apetece follar contigo y, de momento, no necesita pedirte dinero ni que le hagas la compra (en serio?!). Cuando tenga alguna de esas necesidades te volverá a contactar explicándote alguna milonga sobre cómo le afecta su «enfermedad» y diciéndote las cosas bonitas que quieres oir para engancharte de nuevo. Así de simple. Ojalá para entonces le mandes a la mierda porque estés reconstruyendo tu amor propio.