Yo tengo 27 años y he tenido toda mi vida la puerta de mi cuarto cerrada, y lo contrario me habría martirizado. Soy una persona muy introvertida, con mucha vida interior, y en mi cuarto he podido dedicarme a un millón de cosas en mi soledad, desde jugar con mis muñecos, leer, jugar a videojuegos, escribir historias y poemas, dibujar, escuchar música, cantar, bailar sin que nadie me mire, usar un espejo durante horas… y sí, también masturbarme. A los adultos, todo lo que he dicho antes de esto último les parecerá una chorrada, pero a mí no me gustaba compartir con nadie las historias, cosas o pensamientos que yo creaba, eran algo muy personal y punto. Yo tardé mucho en tener internet en mi cuarto, y mucho antes de eso para mí mi privacidad ya era importante.
Me parece totalmente necesario y perfecto controlar el uso que hacen los chavales de las redes y las tecnologías; yo misma he vivido en mis propias carnes intentos de abusos por parte de personas a través de estos medios, desde desconocidos hasta compañeros de clase. Pero eso es una cosa, y la privacidad es otra distinta. Lo que no hay que permitir es que un chaval de 14 años tenga en su cuarto un móvil y un ordenador conectados a las redes sin ningún tipo de control ni limite. Como alguien ha dicho arriba, ordenador en la sala de estar, por ejemplo, y de uso de toda la familia, mucho control sobre los móviles y nada de redes sociales antes de los 16 años (o incluso más tarde).
Pero dejad que los niños tengan su propia vida y desarrollen sus intereses inocentes como les de la gana.