Hace algunos años yo tuviera un problema bastante serio que, aunque no requirió hospitalización por los pelos, me tuvo casi un mes sin salir de cama. Como la que en aquel entonces era mi mejor amiga vivía a casi 200km y no me podía venir a visitar, se tiraba el día llamándome por teléfono sin importarle lo mal que estuviera y las ganas de descansar que tuviera. Y ojo, que si no le cogía el móvil me llamaba al fijo y ahí era peor porque me hacía levantarme si no quería volverme loca con el timbre.
Aquello fue el principio del fin de nuestra amistad, porque empecé a ver algo que hasta entonces no había visto: ella necesitaba ser la protagonista de todas las historias. A ojos del mundo yo era una desagradecida que despreciaba sus atenciones, cuando ella lo único que quería es que la gente se fijara en ella y en todo lo que hacía porque no soportaba ceder el foco de atención ni un minuto. Hasta dónde llegó aquello? Un año y pico después y tras varios meses sin hablarnos ya, se plantó en el entierro de mi abuela a la que ni conocía, a actuar poco menos que como la nieta desconsolada a la que tenían que dar el pésame y llegó a ponerme malas caras al verme allí.
No seas esa persona.