Mira, es muchísimo más sencillo que todo eso: con tu pareja te tienes que sentir a gusto. Si no te sientes a gusto, por el motivo que sea, déjalo.
Y ya está. A veces le damos tantas vueltas a las cosas, ponemos tantas cosas accesorias más en la balanza, que se nos acaba olvidando ese principio fundamental. Tener pareja no es un deber ni una obligación. Es alguien a quien tú escoges para compartir la vida porque te hace sentir bien. Si no te haces sentir bien, ¿para qué sigues con esa pareja?