Mi último novio, quien yo creía que era el amor de mi vida y con quien me llevé años, me puso los cuernos al final de la relación. Fue un momento horrible y desgarrador de mi vida, y cuando al fin conseguí dejarlo me sentí fatal por haberle dado toda mi juventud a una persona que había sido capaz de hacerme sufrir tanto, y sin que le temblara el pulso. Y entonces mi madre me dijo «si lo has dado todo es porque estás muy llena por dentro, nadie vacío puede dar tanto. Todo eso no lo has abandonado, sigue siendo tuyo y puedes dárselo a quien tú quieras.»
A los meses conocí a un tío que ha ido cerrando todas mis heridas una por una, casi sin querer. Y le estoy dando mucho otra vez, porque él también me da muchísimo. Lo mejor de caerte es que siempre, siempre te puedes volver a levantar. La vida tiene formas especiales de llevarnos por un camino u otro.