Cielo, visto desde fuera me parece que se te mezclan muchas cosas hasta formar un nudo bien apretadito.
Primero, la inseguridad típica de la tardoadolescencia y juventud. ¿Cómo hablar con los chicos? (igual que con cualquier otra persona), ¿qué hacer para gustar? (nada especial, has de gustar por cómo eres), ¿cómo gestionar el rechazo? (aceptándolo, nunca podrás gustar a todo el mundo), ¿volveré a sentir algo por otro chico cuando mi crush me ha rechazado? (pues claro, el mar está lleno de peces y ninguno es tan especial).
Segundo, que pareces ser extremadamente consciente de un físico diferente a la media de aquí. Tener la piel mulata y el pelo rizado no te hacen más fea. Ni más guapa. Ni hace que la gente te rechace. Como mucho, que te miren un momento porque, según el entorno, puede que destaques. Ya está. Como si fueras pelirroja de 1,80, o blanca en un entorno negro, o…. ponle lo que quieras.
Tercero, no quieras ser lo que no eres. Dices que siempre has querido ser extrovertida. Pero si eres introvertida, pues lo eres. No puedes darle la vuelta a tu personalidad como un calcetín solo para sentir que encajas porque te forzarás tanto que te romperás. Puedes trabajarte para superar esas timideces tan extremas, sin duda, pero si no te hace feliz estar en una fiesta con un montón de desconocidos, no te hará feliz nunca. Con el tiempo aprenderás a optar por planes que sí te hagan feliz, como quedar en «petit comité» para unos cafés, por ejemplo.
Todo eso se te está juntando con el trauma de un padre desconocido. Dices que no te importa, pero todo tu comportamiento demuestra que sí, que influye en tu día a día. Comparto el consejo de buscar ayuda profesional para ir desentrañando todo este nudo y tratar cada hilo. Quizás un psicólogo, o un coacher.