Todavía hay personas que se creen que el amor se mide en momentos de princesita de cuento que, por supuesto, tiene que brindar el macho. Que a mí quien le gusten pues muy bien, pero mi marido y yo no pedimos, sino acordamos entre los dos empezar los papeleos para la boda, un finde cualquiera en casa y en pijama con los pelos revueltos. Y en nuestros 14 años de historia en los que hemos pasado de todo juntos no hay menos amor que en quien se planta de rodillas con un diamante en una cajita.
Sea en pijama, en un KFC o en el sitio más lujoso del mundo el amor es amor. Me alegra que en esta historia al final haya triunfado!