Dejé de ir al gimnasio hace muchos años precisamente porque anímicamente yo no puedo soportar que esas personas que se creen que lo saben todo, me miren por encima del hombro y se rían de mi por no ser capaz de entrenar como si fuera una atleta de élite.
Ahora hago deporte en casa o salgo a correr yo solita por el parque. Mientras en los gimnasios dejen campar a sus anchas a gente así, yo no vuelvo.