Eres muy libre de odiarte como te dé la gana. Yo me odié tan fuerte durante tanto tiempo que acabé teniendo anorexia. Años de estar esquelética con una talla entre la 36 y la 38; y no digo que esas tallas sean de estar esquelética, pero para mi constitución sí lo son. Los años de mi vida que más delgada he estado, los que pasé más amargada con mucha diferencia. Acomplejada porque a mis ojos seguía gorda, no queriendo dejar que nadie me viera y los chicos menos que nadie porque me avergonzaba de cada centímetro de mi piel.
Con 25 años brotó el Síndrome de Ovario Poliquístico y subí de 52-53 kilos a 78. También empeoré mis hábitos en general, pero te puedo asegurar que en mi época de delgadez una vez superada la anorexia comía mucha más mierda. Conseguí bajar hasta 75 a base de cuidar mi alimentación y hacer mucho deporte. Con esos 75 kilos empecé a hacer pole dance. Si buscas fotos la mayoría de pole dancers son ninfas estilizadas. Yo empecé a subir fotos en shorts y tops que ni habría soñado con mostrar cuando pesaba 50 kilos. Porque sí, en esas fotos salían mis michelines, pero sobre todo salía yo haciendo cosas increíbles y practicando uno de los deportes más duros del mundo. Con los años he aprendido a ponerle valor a lo que realmente lo tiene.
Ahora que voy a hacer un tratamiento de fertilidad he tenido que bajar peso. Con ayuda de una excelente nutricionista he conseguido bajar hasta los 67. Y no he cambiado gran cosa mis hábitos de comida, sólo he hecho un par de ajustes que le vienen mejor a cómo mi cuerpo con SOP procesa los alimentos y los hidratos. Ajustes que, aunque ya cuidaba mucho mi dieta, no hubiera sabido hacer porque no soy profesional de la nutrición. Ese par de ajustes han sido la diferencia entre no ser capaz de bajar de los 73 a pesar de cuidarme al máximo y llegar a los 67 y bajando en cuatro meses. Ya ves, las cosas del comer y el engordar no son tan simples como las ve quien no conoce bien el tema.
Como te he dicho, eres muy libre de odiarte como te dé la gana. Desde mi experiencia no merece en absoluto la pena.