Las palabras «mil movidas» indican una gran madurez y capacidad de autocrítica, además de ser un dios en la tierra con unas analíticas perfectas.
Sus palabras no indican subidas de cortisol, ni hipertensión, ni problemas en la regulación del GABA (que se desencadenan o agravan en situaciones de estrés y de frustración personal, entre otras cosas), ni niveles de serotonina descompensados (estar amargado, obsesionado, dar por culo).
«Mil movidas» también indica el ser una eminencia con six-pack y hacer buenas marcas (al ir al sofá, al ir al bar/antro a pedir «una de bravas, Manolo», al encender el ordenador y escribir su «literatura» en foros) … y también indica que tiene la cabeza en su sitio.
Y ciertas líneas indican un buen estado mental (ningún rastro de rasgos paranoides, ni narcisistas, ni histriónicos, ni obsesivos), un lenguaje coherente y cuidado que haría llorar de satisfacción a cualquier académico de la RAE. Su potencial le capacita para escribirle los discursos a Felipe VI o a Leonor o para hacer rutinas a cualquier deportista olímpico.
El Código Penal debería contemplar como delito el ser tan perfecto (y tan «guapo»).
Está claro que semejante eminencia (en lo intelectual y en lo físico) no necesita una consulta urgente con un psiquiatra (y psicólogo), ya que no parece que le vaya a petar el cerebro en ningún momento.