Vale, si me deja el banner intrusivo de Toyota, voy a darte una serie de pasos a seguir con esto que cuentas y que ya no sabes qué más hacer.
En primer lugar estaría bien que, ya que has salido del pueblo para estudiar en una ciudad, cuides tu gramática y la ortotipografía cuando escribes. (De)formación profesional es este consejo, no offense.
En segundo lugar, estaría bien que dejaras en un cajón ese pensamiento preconcebido que tienes sobre que las gordas sufren más comentarios de mierdas por su talla, constitución, lo que sea. Lo que tu estás sufriendo es una soberana putada y solo con leerte podemos empatizar contigo. Da igual el peso que nos gastemos. I read you, I see you. Es igual de grave que te hagan bulling por estar delgada, que por estar gorda, por ser más alta que por ser más delgada o por tener una nariz más chata o más aguileña. Duele mucho, y eso te afecta a ti y a tus circunstancias.
En tercer lugar, empieza a eliminar de tu vida a esa peña envidiosa que proyecta sus propias mierdas en ti. Fuera, out, next, echa p’allá, con la mano echa p’allá, o como quiera que lo digáis los adolescentes. Seguro que en tu pueblo hay gente con quien no has hablado en la vida, que también estudia en la ciudad y que es más abierta de miras. O al menos lo suficiente como para respetar tu estilo de vida y como eso se refleja en tu físico.
Por último, en serio, déjate de tonterías y quie-re-te. Eres la única que ha nacido por y exclusivamente para cuidarse, amarse, respetarse, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte… Bueno, ya. Seguro que me has entendido. En el momento que tu empieces a hacer ciertos cambios de actitud, vas a mover cosas a tu alrededor. Y, cuando eso pasa, la gente se incómoda. Te van a molestar más, te van a sacar de quicio, te van a retar, pero también te van a acabar dejando tranquila para que entre nueva vibra en tu vida.