Cuando nacieron mis mellizas, después de un final de embarazo complicado y un parto muy heavy, me quedé echa polvo física y psicológicamente. El cuerpo no me seguía por varios motivos (puntos, anemia brutal, problemas de lactancia…) y yo lo veía todo muy negro, pero me hacía la valiente y ponía buena cara a todo el mundo. Durante semanas, incluso meses, me metía en la cama y lloraba a oscuras pensando en cosas como qué pasaría con mis niñas si a mí me pasara algo, o me angustiaba pensando que les ocurriera algo a ellas… Pensamientos muy negros y agobiantes. Pero yo me lo guardaba todo para mí y seguía adelante dando importancia solo a mis problemas físicos. Creo que realmente no era consciente de ello, lo fui cuando un día me di cuenta de que todo aquel nubarrón negro había pasado, entonces supe que había pasado una depresión postparto sin darle la importancia que realmente tenía, porque lo pasé fatal. Y lo supe con más certeza dos años después cuando tuve a mi pequeñajo, y por la razón que fuera (embarazo y parto buenísimos, experiencia…) aquello no me volvió a ocurrir. Es normal que las hormonas se revolucionen tras el parto causándonos cambios en el estado de ánimo, pero si nos encontramos en estado de angustia constante y ese estado se mantiene más allá de unas semanas, deberíamos poder pedir ayuda sin avergonzarnos. Por ahí han dicho que es la depresión postparto y es normal, pero no es así. La melancolia postparto o tristeza puerperal lo es (y dura un par de semanas), la depresión no. Si tú médico no te escucha y sientes que necesitas ayuda, pide cambio de médico o busca ayuda privada. Ánimo bonita que lo vas a hacer genial, tu bebé estará bien y pedir ayuda no es motivo de vergüenza.