Suscribo lo que dice Stappler. Jamás haría daño conscientemente a un animal, entiendo que son seres indefensos que reaccionan de manera impredecible si no están bien.
Si mi hijo puede correr el más mínimo riesgo por causa de un animal que convive en la casa ,estaré cometiendo una negligencia gravísima en mi papel como madre,creo que no es difícil entenderlo.
Yo tendría claro que no estaría en la casa,y con eso no quiero decir abandonar o dormir al animal. También tengo claro que en el momento que yo viese a un animal atacando a mi hijo,me costaría no retorcerle el pescuezo allí mismo.
La hija,de dos años, de la chica del post tendrá que estar encantada en una casacon un animal que tiene atemorizados a sus padres y que ya la ha atacado a ella y a los demás .