Cuando tú estuviste durante ocho años tan guay en Madrid, con tu trabajo y tu novio, ¿de verdad pensabas que el tiempo en el pueblo se iba a congelar? ¿Que tus amigas estarían ahí siempre esperando a que tu volvieras los puentes y en navidad? No eres la hija pródiga que vuelve y todo sigue como en el instituto. Son cosas perfectamente normales, sólo que cuando tú estabas fuera no te paraste a pensar en cómo se sentían las amigas que no se habían mudado y que veían como sus otras amigas se mudaban.