Hola a todos de nuevo.
Anoche pasé la que es mi segunda noche en el piso. Si bien es cierto que me encuentro notablemente mejor que el otro día, sigo teniendo esa punzada en el pecho… No me reconozco: soy una persona a la que le encanta, cómo decirlo, esa sensación de estar en casa, la época en que se acerca la Navidad, etc. Normalmente, si las circunstancias fueran otras, estaría súper feliz, y ahora… pues, lo dicho.
Al llegar anoche, me di cuenta de que él ha empezado a traer algunos de sus adornos, cosas que yo le he regalado y demás, y no sé muy bien cómo me sentí. Por una parte, me hizo ilusión que él tuviera esas ganas de hacer la casa suya, pero por otra me hizo sentir aún peor, por ese sentimiento de culpabilidad, de no encontrarme yo en el mismo punto.
Volviendo al tema de mi madre, no es tan sencillo. Sí, tengo dos hermanas, pero ellas no pueden -ni remotamente. ayudarla económicamente. Son pequeñas, aún están estudiando, y queda todavía muy lejos la posibilidad de que comiencen a trabajar… Más que ayudarla, en cualquier caso, le cuestan dinero. Además, ellas están en esa edad posterior a la adolescencia, en la que piensan en ellas mismas, sus novios, sus amigas y poco más, no pueden ver la situación como la veo yo (y lo entiendo, porque yo también estuve en ese punto).
Quiero aclarar que, cuando decidimos mudarnos a este piso, no lo hicimos con la idea de que fuera nuestro hogar definitivo: es cierto que está muy bien y que cumple muchas de nuestras expectativas actuales pero, definitivamente, no es donde vamos a vivir toda la vida. Pero, claro, se supone que la idea ya sería pasar de aquí a otro sitio, luego a otro, a otro, a los que hagan falta, hasta ya establecernos definitivamente. El plan no era volver a casa de nuestros padres, digo yo… Y, sin embargo, ahora solo pienso en eso.
Una de las cosas que me preocupa es lo que menciona Luis: yo no le quiero hacer perder el tiempo, no quiero que él se acomode en un espacio para luego tener que decirle que me quiero ir. Evidentemente, si veo que esta situación no cambia, no dejaría que se prolongase durante años, tanto por el bienestar de él, como por mi propia salud mental. Pero tampoco es una decisión que pueda tomar a la ligera, porque no es como para estar cambiando de opinión de un día para otro. Pero sí, esa es una parte importante del problema: ninguno de los dos podría estar independizado si no fuera porque lo hacemos juntos, pues nuestra situación económica no es tan buena como para poder permitirnos independizarnos a solas. Por tanto, si yo decidiera que quiero irme de aquí, eso le obligaría a él también a irse y volver con su familia… Y eso me provoca una angustia horrible.
Por una parte, siento que le estoy haciendo pagar por mis indecisiones (¡pero no estoy haciéndolo adrede, me siento así, no pude preverlo ni evitarlo!) y arrastrándole conmigo, como si la única elección válida fuera la que yo tomo. Siento que le estoy dejando solo porque, como comento, en esta situación lo único que me apetece es estar fuera de aquí el máximo tiempo posible… Y lo cierto es que, aunque ambos tenemos nuestros amigos y familia, gran parte de nuestra vida social y tiempo libre se reduce a estar el uno con el otro. Y, ahora mismo, eso lo veo, de algún modo, bloqueado: no me apetece estar pasando mi tiempo libre en esta casa, y siento que busco excusas para evitarlo lo máximo posible; tampoco me veo estando todo el día por ahí, tanto por como está la situación actual, como porque no podemos permitirnos pasarnos todo el día gastando dinero en la calle…
Por otra parte, y pese a que quiero mirar por sus sentimientos y por su estabilidad, también entiendo que tengo que mirar por mí misma y que, si esto se vuelve efectivamente insostenible, no puedo vivir así indefinidamente. ¿Y eso qué supondría? ¿Se supone que podríamos volver a casa de nuestros padres, olvidar esta experiencia, y volver a intentarlo en otro momento? ¿O eso llevaría consigo el fin de nuestra relación? ¡Llevamos años juntos! Siento que éste era el paso natural para dar, y ahora… no puedo ni pensarlo.