Estoy de acuerdo con el comentario anterior. Puede que sea casualidad porque a veces puede pasar. Pero si nunca cuaja ninguna relación de amistad, es más probable que sea por algo tuyo. Y si fuera así, que es fácil, tienes tres opciones:
– Negarlo y enfadarte con quien lo sugiera, continuar sola, y acabar diciéndote que es que «la gente es mala, mejor estar sola, la amistad está sobrevalorada, son todos unos falsos»…
– Negarlo y no aceptarlo, pero sentirte triste, sola y aislada.
– Contemplar la posibilidad de que hay algo en ti que hace que la gente no se quede, sin culpabilizarle y decirte que debes ser lo peor, que no se trata de eso. Ir al psicólogo, buscar qué puede ser, por qué ocurre, sanar heridas si tienes de la infancia, y dar pasos para avanzar, y para hacer amigos. Porque sí, la amistad merece la pena, y muchísimo. Relacionarse socialmente es de lo mejor de la vida.
Pero también hay que ser razonables con la amistad. Un amigo no es un salvador, no es nuestro paño de lágrimas, no tiene que estar siempre ahí en cada pena y en cada paso que demos. Y, es una persona. Igual que nosotros. Y se equivocará y hará cosas mal. Igual que nosotros con él. No sé si esto tiene sentido aquí o no, pero creo que me viene a la cabeza porque la gente que toma la primera opción, a menudo uno de sus problemas es ese, que no tienen un concepto sano de la amistad, y espantan a los demás o a la mínima se sienten decepcionados porque creen que un amigo es una mezcla entre una madre y una pareja.