Mira, te voy a exponer mi caso.
Una niña muy resolutiva y buena estudiante. Siempre sacaba muy buenas notas y siempre recibía elogios. entonces me ocurrió algo horrible ya que me di cuenta de que estaba sufriendo abusos sexuales. Ese abuso lo comencé a enlazar con el tiempo que pasaba en el instituto. De este modo, el instituto comenzó a ser un infierno para mí. Me daban ataques de ansiedad de saber que tenía que ir, no podía prestar atención en clase, no entendía nada, empecé a sacar muy malas notas, todos mis amigos continuaban adelante y yo me quedaba atrás. No podía dormir, tenía pesadillas… Empecé a dejar de ir poco a poco siempre inventando excusas. Me quedaba fuera con el frío esperando a que mis padres se fueran a trabajar para volver a casa después. Antes de que ellos llegaran, volvía a irme para que creyeran que volvía de clase.
Por supuesto, en estas circunstancias, repetí. Entonces me quede sola sin amigos ni nadie que conociera y en la misma situación. Todo el mundo en casa decía que era una vaga, que me había vuelto un asco, se acabaron los elogios, se acabó el orgullo, y ahora era una decepción.
Cuando conté lo que me pasaba les importó una m*****. Eso es historia a parte.
Pasaron muchos años hasta que finalmente decidí que quería volver a estudiar. Los trabajos que había tenido no me habían ido bien, porque el trauma que tenía con respecto a estudiar y a una persona de autoridad por encima de mí a quien obedecer no los había solucionado, y debía ponerle remedio.
Finalmente, decidí acudir a una psicóloga. Tarde por lo menos año y medio, pero conseguí volver a entrar a una clase. Empecé a estudiar un acceso a grado superior y al año siguiente me presente al examen, aprobé y me pude poner a estudiar finalmente algo que me gustaba. Ahora estoy acabando mi master. Con casi 30 años. No me arrepiento.
Tan solo necesitaba tiempo para mí, para asimilar lo que ocurría, para darme cuenta de lo que de verdad quería.
Espero que tu hijo también encuentre lo que quiere. Es cuestión de paciencia y tiempo.