A mí me parece que lo que tienes en realidad son muchos prejuicios y las ideas muy rígidas, y que eso no tiene nada que ver con si eres más o menos mojigata o con lo alto que pongas el listón.
O sea, un tío -maleducado y estúpido- rechazó acostarse contigo porque estabas gorda. Y tu conclusión a eso es:
– que se debe a que te lanzaste muy pronto. Que eso siempre es así. Que si te decides a tener sexo muy pronto, entonces te podrá pasar que te rechacen por gorda. ¿No ves que no hay ninguna conexión entre estas dos cosas?
– que se debe a que «bajaste el listón». De nuevo, nada que ver. Puedes encontrar tíos que beban o fumen y quieran acostarse contigo y tus kilos, y puedes encontrar tíos que no beban, ni fumen y cumplan todas tus otras expectativas… y que no se sientan atraídos por mujeres gordas, o por ti en concreto. Es que no tiene nada que ver.
Y ya no digamos nada de esa manera de ver a las personas a brocha gorda, llena de prejuicios… ¿Todos los cristianos son hipócritas? ¿De verdad?
A mí me parece que no estás viendo a las personas que conoces como personas, o sea, tratándolas con respeto, interesándote por ellas y queriendo conocerlas, sino que te lo estás tomando como un casting, clasificándolas de una manera burda, «cristiano», «no bebe», «apto», «no apto»… Como si en lugar de un novio hubieras puesto una oferta de empleo. Y así no te vas a enamorar. Porque enamorarse no consiste en «seleccionar a alguien», sino en comenzar a sentir cosas por otra persona, que a su vez las sienta por ti. Nada más que eso.
Y por cierto… Flipo con el pobre chico al que descartas y catalogas de mal cristiano e hipócrita porque no le gustaba la comida del sitio al que fuisteis (!)