Yo hijos no tengo (para este caso creo que mi gata y mi perra no cuentan, por muy hijas mías que las considere jajaja), pero vivo justo delante de un parque infantil y en mi urbanización hay muchísimas parejas con peques. Últimamente los están bajando a jugar o hacer recados disfrazados y siempre que tengo ocasión intento hacerles algún cumplido sobre sus disfraces. Solo con ver cómo les brillan los ojitos por encima de las mascarillas ya me alegran el día.
No es solo que debamos dejar a los niños ser felices, es que deberíamos copiar un poco esa inocencia y esa capacidad de convertir un simple paseo por el parque en una fiesta.