¡Hola! La verdad es que me he identificado mucho contigo. Mi primera dieta fue a los 9, y luego acabé desarrollando una relación tóxica con la comida que ha ido mejor o peor según el momento de mi vida. A mí no me pasó durante una ruptura, pero cuando nos confinaron tenía un TFM pendiente y con eso de estar encerrada en casa me era difícil concentrarme y establecer horarios, así que me agobié muchísimo y no podía comer. Mis padres, al igual que los tuyos, no hacían otra cosa que felicitarme «por ser la única persona que estaba adelgazando en el confinamiento». Mira que mis padres también son un amor, pero es que tienen esas ideas tan arraigadas que a veces es difícil sacárselas a la gente de la cabeza.