Madre mía, alucino con la falta de empatía. Por supuesto que son sus hijos, y hay que adaptarse a que tengan hijos. Tengo 35 años y estoy soltera, y sinceramente, no necesito ser madre para entenderlo.
Me gustaría verte en el otro lado, a ver si eres tan buena amiga cómo tú esperas. Seguramente, entonces, sí lo verás todo diferente. Porque, a menudo, solo somos capaces de ver las cosas según nuestro interés. Y cuando no hay empatía, es imposible ponerse en otro lado que no sea «donde yo estoy ahora», aunque ayer me quejara amargamente de eso en otra persona.