Yo, con lo que cuentas, lo de la tacañería de los abuelos tendría que ver donde tiene su origen. Cuando mi cuñada se quedó embarazada le rechazó literalmente el primer regalo que mis padres intentaron hacerle porque «eso no es lo bastante bueno para mi hijo». El segundo lo rechazó porque no le gustaba y punto. Y estoy hablando de cosas bastante caras, no de una trona de la basura. Cosas que unos abuelos primerizos habían elegido con todo el amor del mundo para su único nieto y tuvieron que acabar regalando a otra persona.
El tercer y último intento fue hacerle algo ella misma. Mi madre es una costurera excepcional y hace cosas super originales para niños. De niña yo siempre era el centro de atención de todas las reuniones sociales por la ropa que me hacía y todo el mundo le pedía cosas parecidas para sus niños cuando tenía que hacer un regalo. Ella, que vistió a cientos de bebés de otras personas, no puedo ni hacerle un mísero babero a su único nieto porque su nuera se rió en su cara y le dijo que ni lo quería ni pensaba ponérselo.
Los regalos desde entonces se limitan a lo que ellos pidan. Cuanquier otra cosa acaba en problemas y ellos tienen tanto miedo a que no le dejen ver a su nieto que tragan con lo que haga falta.
Otros a lo mejor tienen menos aguante y pagan con la misma moneda que reciben.