Buenas.
A todas las que os molesta tanto que vuestros hijos vean porno os recomendaría una película (no porno) que me parece que trata muy bien este tema: «Don Jon», de Joseph Gordon-Levitt.
En cuanto al porno en general, mucho se ha dicho por aquí que a veces se buscan tipos físicos y, otras veces, temáticas sin que importe tanto el físico. Personalmente busco ambos tipos, porque las modelos que más me gustan físicamente no suelen hacer determinadas cosas que a veces me apetece ver, y en esas ocasiones el físico importa menos.
Como parece que aquí lo que molesta más es lo primero (que tu novio se fije en físicos diferentes al tuyo), me voy a centrar en eso.
Vivimos en la sociedad de la información y la imagen, y todos y todas somos constantemente bombardeados con imágenes de físicos muy atractivos. La televisión, el cine, la publicidad, el porno… todo está lleno de gente guapa que a todos y todas nos gustan, por un lado, y por otro nos hacen sentir, a veces, muy insegurxs.
Es cierto que con internet y los móviles esto está llegando a unos niveles disparatados que están empezando a generar verdaderos problemas, pero ese me parece un debate… no sé si muy distinto, pero sí más complejo que este.
Dejando, pues, ese (importante) matiz a un lado, me gustaría decir que, en realidad, todo esto viene pasando desde, al menos, la aparición del cine y la prensa gráfica en torno a 1900.
Por ejemplo, mi abuela contaba una historia bastante graciosa de cómo, allá por los 1920, Rodolfo Valentino vino a España y las fans que fueron a recibirlo (entre ellas mi abuela) se le tiraron encima (pasando por encima de la policía) y le arrancaron la ropa a jirones dejándolo, al parecer, hecho un cuadro.
Dando un gran salto en el tiempo que pasa sobre James Dean, Marlon Brando, Marilyn o Brigitte Bardot entre otrxs muchxs, hoy tenemos, además de a Sacarlett Johansson y a las estrellas femeninas del porno, a tipos como Jason Momoa, Chris Hemsworth, los bomberos españoles que posan todos los años en el ya tradicional calendario y hasta el pirao aquel que se coló en el Capitolio de los Estados Unidos, sin camiseta y disfrazado de bisonte, sobre todos los cuales yo he oído y leído comentarios que, obviamente, no han sido el mayor chute de autoestima que yo personalmente haya recibido.
Adonde quiero llegar con esta chapa es a que todo esto es normal, pasa desde hace generaciones (y antes con los reyes y reinas, los dioses o el guaperas de la tribu, estoy seguro), y no tiene mucho sentido cabrearse o luchar contra ello porque es sencillamente natural.
Copón. Podría seguir otro rato, pero mejor lo dejo aquí. Saque cada cual sus conclusiones.