Ese «no compartimos nada» fue el causante de la ruptura de mi última relación estable. Una vez que se pasó el furor por el sexo de los primeros meses (que sí compartímos) y se pasó a algo más normal, no compartíamos prácticamente nada: a él le gustaba mucho estar con sus amigos, yo soy más de encuentros reducidos, a mí me encanta viajar, a él estar en casa, yo soy muy inquieta, él muy tranquilo, yo de comida gourmet, él de comida basura… Desde luego que no hace falta que todas las aficiones sean las mismas, pero sí que os guste hacer cosas en común en vuestro tiempo de ocio