Qué fuerte y qué mal me siento después de leerte. La verdad es que sólo ha habido dos veces en mi vida que he estado delgada, ambas fueron por estar enferma y en ambas tuve que oír cosas como «a ver si te mantienes». Tenía literalmente cara de cadáver y los tobillos como dos pelotas de tenis, pero mejor flacas que vivas, supongo. Afortunadamente mis padres y mi pareja de aquel entonces no opinaban eso y en cuanto me vieron (una fue a la vuelta de un viaje largo) me dieron tortilla de patatas y mimos para que volviera a mi peso. Una locura de mundo este.