Hola. La primera vez que he leído tu mensaje aún no había contestado nadie y yo, la verdad, no sabía ni qué decir. Me he quedado sin palabras.
Lo que cuentas es durísimo.
Imagino que tu madre también estará ahí, a piñón, para pagar alquiler y gastos, y para que podáis comer las tres. Pero de tu hermana no cuentas mucho, y lo de ella no lo tengo tan claro. Por lo que dices me da que no está allí, en casa con vosotras, y supongo que no aporta nada de dinero porque, si entiendo bien, tiene su propia familia.
Así que, por ahí, no se ve mucho donde rascar. Y no seré yo el animal que te diga que abandones a tu abuela, ni a tu madre, ni a tu hermana y tus sobrinos, como te han estado diciendo por aquí. Eso te lo vas a tener que seguir comiendo porque es mejor alma sin vida que vida sin alma.
Pero tienes que encontrar fuerzas, tiempo y manera para volver al mundo, aunque sea poco a poco. Busca en tu barrio, en internet o donde sea gente con la que hablar, y quizás alguien que te dé un abrazo de vez en cuando. Y habla con tu madre y con tu hermana, enséñales esto que has escrito aquí, y pídeles por favor que este año reserven algo de dinero para ti. Para que puedas comprarte algo de ropa, tomarte alguna caña con la nueva gente que conozcas, y quizás largarte aunque sea un fin de semana a un cámping. Porque, con lo que has escrito, te va la vida en ello, tía. Lo necesitas. Lo necesitas de verdad.
Un abrazo, amiga. Uno muy fuerte.