Seguro que continuamente ves a amigos y familiares que usan zapatos poco adecuados, como tacones. Que comen cosas que no son saludables. O que no circulan de la mejor manera; por ejemplo, cruzando pasos de cebra en rojo. Y no les dices nada, porque entiendes que no es asunto tuyo y que estaría fuera de lugar.
Es más, seguro que tú misma alguna vez usas zapatos poco ergonómicos y nadie va a decirte que te vas a destrozar la espalda o que te van a salir juanetes. Seguro que alguna vez te comes un dónut y nadie va a decirte que se te van a taponar las arterias. Y menos mal, porque estaría muy fuera de lugar, ¿verdad?
Pues con los bebés y los niños es lo mismo. Si todos entendemos esto con los adultos, ¿por qué nos cuesta tanto entederlo con los niños?