Ve al dormitorio coge una maleta y pon la ropa de ese «hombre con el que te vas a casar» dentro, luego la cierras y la pones detrás de la puerta. El simple hecho de que no te refieras a él como tú pareja, ni como tu novio, sino como el «hombre con el que te vas a casar» es el primer paso que ha dado tu cerebro para llamarlo el «hombre con el que te ibas a casar».
Y enhorabuena por tu bebé, seréis muy felices.
Por cierto, mejor que le pidas que firme que renuncia al niño y a todo derecho sobre él, porque volverá…