Que pena más grande que ante lo más mínimo, lo primero que pensemos las mujeres sea que tenemos un negocio entre las piernas. Qué raro que todas las formas de empoderarnos sean de lo más conveniente para quienes nos quiera tratar como un objeto alquilable. Porque ni siquiera estás pasando hambre que es simplemente para no bajar de nivel de vida. Yo sé que no es tan fácil conseguir un trabajo y menos uno digno y conste que si te quieres prostituir yo no tengo nada que opinar porque obviamente es TU vida. Pero, repito, qué lástima que antes de intentar, yo qué sé ponerte a vender pulseritas por la calle o bebidas en las puertas de los conciertos (cosas que hice a tu edad porque huí de una casa en la que me apalizaban y no tenía ni para comer, ni para calcetines, una vez me invitó una amiga a una Cocacola en un bar y se me saltaron las lágrimas porque llevaba como un año sin tomar un refresco porque no podía pagarlo) se te ocurra «un trabajo erótico».