El porno puede ser adictivo hasta el punto de preferir fantasear con las escenas que se ven y preferirlas a la realidad. Sobre todo porque se pueden crear sus propias fantasías.
Yo salí con un chico que hasta se conocía los nombres de las pornostars. Ni que decir tiene que en el sexo real tenía mucho que aprender, cada vez que me penetraba se movía en plan bestia como estaba acostumbrado a ver en el porno. Se pensaba que de esa forma disfrutamos más.
Es difícil que cambien, pero necesitaría ayuda psicológica.