Es una de las situaciones de pareja en que no puede alcanzarse un compromiso intermedio. O se tiene un hijo o no se tiene. Si los deseos de ambos son irreconciliables es mejor dejarlo. Si tú renuncias a la maternidad por él te amargarás y con los años vendrán los reproches. Si él accede a inseminarte sin quererlo, te comerás tú al hijo y él te echará en cara que lo tuvo porque le presionaste.
Déjale y sé madre en solitario.