Solo aquellas mujeres que hemos pasado por procesos como estos sabemos la capacidad que tiene nuestra alma para sufrir como nunca había sufrido o rebosar amor como tampoco nunca lo había hecho. Cada eco, cada pinchazo, cada ovulo de progesterona, cada óvulo que crece por mililitros y dan pie a una fiesta, cada inseminación o punción, cada beta espera, cada motivo para reír o llorar. Mi historia ha sido muy diferente a la tuya en cuanto a acontecimientos, pero estoy segura que muy igual referente a sentimientos. Es muy duro, el chute de hormonas tampoco ayuda, pero, al final, sientes que cada tropiezo ha valido la pena cuando ves ese positivo que te cambia la vida. Los miedos no desaparecen, luego vienen las ecos rutinarias, escucharle el corazón y así un sinfín de procesos en el que sabemos que estamos acompañadas pero que, igualmente, “sufrimos” en silencio por miedo a que nuestras ilusiones caigan de un porrazo. Igualmente, nos mantenemos ahí firmes, positivas, compartiendo nuestra felicidad y sintiéndonos súper heroínas en cada fase que pasamos con nuestro bebé creciendo dentro. Después de una pérdida muy dolorosa, hace unas cuatro semanas mi test también dio positivo. Ahora estoy de siete semanas y dos días y tuve la felicidad de escuchar su pequeño corazón por primera vez. Creo que estamos más o menos del mismo tiempo y que nuestros bebés arcoíris están creciendo sanos y felices dentro de nosotras. Toda mujer que lo desee merece ser mamá y aquellas que pasamos por esto y ponemos toda nuestra alma en el asador (o en los pinchazos diarios) podríamos tener un extra. Te mando un abrazo enorme y te deseo que ese pequeñito o pequeñita (o pequeñitos/as) estén bien agarraditos a ti, multiplicándote de amor desde dentro, hasta que lo hagan desde tus brazos. ¡Gracias por compartir tu historia y por cada post que nos enseña a querernos tanto! ¡Eres maravillosa!